Sin palabras en Quechua

De la publicación MIRADAS

Sin palabras en Quechua

Contaminasunchun. No hay palabras en quechua para decir contaminación, igual no lo contemplaban, la han tenido que crear para algo que no generan ellos. El enérgico e infinito Paul Llacma, de manos recias y claro discurso, habla del cambio climático, de la igualdad y la participación activa en las decisiones de la sociedad como si fuese un político de primer nivel, comprometido, emocionado, experimentado. Tiene 49 años y es de Pataypampa, un valle andino a 4.000 metros de altura, arrasado por el terror de Sendero Luminoso. Ansía con buena vehemencia la mejora de su comunidad y del mundo. Tiene carácter de líder y lo es. Se expresa como si permanentemente estuviese hablando por una radio, jalea a sus compañeros para que organicen las mejoras que deben hacer a la presa que han construido entre todos, arenga a las asociaciones y ONG para que les ayuden a compartir lo que ellos ya han aprendido con el resto de sus “hermanos” de otros distritos. Ser en parte desdentado, edéntulo, no le dificulta nada para pronunciar cada palabra de forma llena, con el convencimiento de creer que se puede empezar a cambiar una realidad con letras.

Quiere enseñar lo que sabe a todos los campesinos de la zona, reforestar para respirar un aire más puro, que los hijos y las hijas de su comunidad vayan a la universidad.Y cree sobre todo que se puede transformar una sociedad porque lo ha visto. Lleva casi 10 años formándose, asistiendo a capacitaciones o cursos impartidos por la asociación Ceproder sobre liderazgo, tratamiento del campo, del ganado, del agua… Empezó entonces a convertirse en un kamayoc, un maestro en una disciplina concreta, lo que en la sierra de Perú puede ser un auténtico valor por la ausencia de atención estatal y formativa en la zona, pero no desespera y piensa que cuantos más fuertes sean los dirigentes comunales, mejor relación podrán tener con las autoridades.

Desde la cima de una imponente montaña invoca a la unión para hacer fuerza e intenta convencer a la ONG Madre Coraje para crear un centro tecnológico en Pataypampa con el objetivo de multiplicar sus experiencias. Es su obsesión, según reitera, eso sería definitivo para el progreso de la población y para proteger un planeta que adolece por el cambio climático.

Valle abajo, casi de pie en la parte de atrás de una ranchera, agarrado al coche, con la voz entrecortada por el viento, reconoce también que ese trabajo es lento, y que cuesta casi tanto esfuerzo modificar la mentalidad de las personas que llevan años sometidas como hacer una gran presa de agua en la cordillera que le flanquea. Insiste en que se puede, la presa queda a sus espaldas construida por ellos mismos y para conseguirlo han sido necesarias muchas horas de diálogo y participación. Como él dice, la desocupación lleva a la delincuencia, al alcoholismo ya la indolencia, pero tras haber sido testigo del cambio, siente que se puede mejorar el planeta. Una palabra que pronuncia igual en quechua y en español: planeta, sobre el que gira la humanidad.

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